12. El llano. Venta Nueva. Camino de Sancho al llevar la carta a Dulcinea

Llevando Sancho la carta a Dulcinea, ya en el camino real y buscando el del Toboso, supongo que ahora iría a dicha Venta por el camino más corto, y si lo buscaba es porque no era el mismo que habían traído, por Torre de Juan Abad y Cózar, llega a la venta del manteo «otro día a la hora de comer» XXVI, págs. 348 y 349, «en saliendo al camino real, se puso a buscar el del Toboso, y otro día llegó a la venta donde le había sucedido la desgracia de la manta... por ser la hora de comer.» Lo que nos hace suponer que esa noche durmió probablemente en Venta Nueva, antes del Villar, perteneciente por entonces al Duque de Feria, donde también pernoctó Cosme de Médicis, perfectamente descrita y documentada por Corchado Soriano.

Esta venta, hoy casa de labor, está en plena Vía Augusta antes de entrar en Sierra Morena, a ella confluyen varios caminos antes de cruzarla, uno de ellos el citado camino de carros de Andalucía, curiosamente al terreno circundante todavía se le sigue llamando «el llano» y conserva una cocina peculiar posiblemente de la época, distando como unos 20 kilómetros o media jornada de la que suponemos venta del manteo de Sancho.

Llevando la carta se encuentra Sancho en la venta que lo mantearon con el Cura y el Barbero que iban en busca de don Quijote, y a medio día se vuelve con ellos a buscarlo, debieron dormir nuevamente en la citada Venta Nueva, pues llegaron otro día a las tres de la tarde a las señales de retama que había dejado Sancho, XXVII, págs. 356 y 369; hallando a don Quijote como a unos tres cuartos de legua en el lugar de su penitencia, XXIX, pág. 402.

Ya todos de vuelta a su pueblo, se adelantaron el Cura y el Barbero por ir a pie y más deprisa, y esperan a los demás en «el llano», XXIX, pág. 407; debieron dormir otra vez en Venta Nueva, pues no llegan a la del manteo de Sancho «que estaría como a dos leguas», hasta otro día a la hora de comer, XXIX, pág. 409. En el camino dice don Quijote a Sancho: «de que me parece que fuiste y viniste por los aires, pues poco más de tres días has tardado en venir desde aquí al Toboso, habiendo de aquí a allá más de treinta leguas». XXXI, pág. 429; distancia real poco más o menos del Toboso al lugar que describo.

Subiendo de Sierra Morena, dice también el Cura a la princesa Micomicona: «si es así, si vais al reino de Micomicón, y embarcáis en Cartagena, por mitad de mi pueblo hemos de pasar, y allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena», XXIX, pág. 409, es decir, que el Cura era de un pueblo situado en el cruce del camino que llevaban hacia el norte, con el citado camino Mérida-Cartagena o camino real de la Plata.

De la venta del manteo de Sancho, al pueblo de don Quijote, nos dice el Cura «no está más de dos jornadas de aquí», XXXVII, pág. 523, lo mismo que habían tardado en venir; y como llegan a su pueblo seis días después, suponemos que Cervantes cambió el camino para prolongar su relato, como así lo creen diversos autores.

En contra de su primera intención, y posiblemente por la intervención de los distintos personajes, el Cura y el Barbero, vuelven a salir de Sierra Morena por el mismo sitio que habían entrado, y como Sancho se temía allí les esperaba la Santa Hermandad; si bien por intercesión de sus acompañantes no los prenden, XLV, pág. 641, «traía un mandamiento contra don Quijote, a quien la Santa Hermandad había mandado prender, por la libertad que dio a los Galeotes».

Emprenden el camino con Don Quijote encerrado en una jaula de madera en un carro de bueyes que por allí acertó a pasar, y en efecto en esta dirección pasaban muchos carros vacíos después de haber llevado la madera de la Sierra de Alcaraz a toda la Mancha y Campo de Calatrava.

Explicaríamos la mayor tardanza si suponemos que optaron por el camino a Toledo desde Villanueva-Cañamares-Ruidera-Argamasilla, para lo cual hacen hasta dos leguas, XLVII, págs. 661 y 662, en esta dirección, y paran en un valle para que pasten los bueyes; en el camino los alcanzan hasta seis o siete hombres, servidores de un canónigo de Toledo que venía con ellos. «Vio que a sus espaldas venían hasta seis o siete hombres de a caballo... deseosos de llegar presto a sestear a la venta que meno de una legua de allí parecía» (id), sin embargo el canónigo envía a por viandas a la venta para comer con tan extravagante comitiva, se acomodan y comienzan a comer, llegando a ellos un cabrero que les relata sus desgraciados amores, después de haberlo tranquilizado con: «y el decir esto y el darle con la punta del cuchillo los lomos de un conejo fiambre» y un trago de vino, CL, pág. 701; comida, bebida y costumbre normal en esta región.

Si el lugar de la comida fue como supongo «debajo del recuesto», LII, pág. 714, de la ermita de la Virgen de los Desamparados coincidirán las siguientes circunstancias: Un pueblo tres kilómetros al norte de donde trajeron la comida, de donde sería el Cura y de donde traerían a la Virgen en rogativas, o porque el día 1º de septiembre se lleva al pueblo, por eso el Cura conoció a otro que venía en la procesión, LII, pág. 716. Un cortijo todavía llamado de los Canónigos de donde vendría éste, dos kilómetros al sur y una aldea pequeña y rica como a tres leguas al sur con un enorme y centenario álamo en la plaza donde Vicente de la Rocha contaba sus aventuras, también como todavía hoy se sigue haciendo. «Sentábase en un poyo que debajo de un gran álamo está en nuestra plaza» LI pág. 705 y que no puede ser otro que el pueblo de Albaladejo. Ya nos dice Luis Ceballos la costumbre de Cervantes y de la Mancha de llamar álamo al hoy llamado olmo negro, que es el que hay en dicha plaza.

De aquí se despiden todos, llegando don Quijote a su pueblo el día tres de septiembre, domingo, y terminando la segunda salida.

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