4. Aventura de los Yagüenses

Terminado el entierro de Crisóstomo, salen en pos de la pastora Marcela por las faldas de la sierra «y habiendo andado más de dos horas por él... vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto al cual corría un arroyo apacible y fresco... que convidó y forzó a pasar allí las horas de la siesta» XV, pág. 174.

En efecto, como a dos horas de donde suponemos fue el entierro, se encuentra el Puerto de Vallehermoso, lugar por donde el río Azuer cruza la sierra de Alhambra y pasa el Camino de Toledo a Granada como nos dicen las Relaciones Topográficas por una puente de cal y canto; y del cual dice Cosme de Médicis en 1668 que «pasaron una bellísima agua llamada Azuer». Era, pues, el lugar ideal para sestear a la sombra mientras pastaban los animales la yerba de su ribera, por lo que los Yangüeses también tenían sus animales sueltos, lo que motivó por el rijoso Rocinante el apaleamiento y huida del maltrecho don Quijote. XV, págs. 175 y 176.

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